Hace pocos días, coincidiendo con el vigesimoquinto aniversario de los JJOO de Barcelona 92 y el trigésimo aniversario del Centro de alto rendimiento de Sant Cugat, se presentó -extraoficialmente- el interés de la capital catalana por albergar los Juegos Olímpicos de invierno del año 2030.

 

 

Aunque en el pasado ya ha habido conatos de presentar candidaturas conjuntas para 2022 y 2026 -ambas opciones descartadas por diversos motivos-, la idea de unir los Pirineos y la metrópolis catalana para traer unas Olimpiadas al territorio sigue siendo el sueño de muchos, entre los que me incluyo… Pero con matices.

Si queremos traer este evento a los Pirineos debemos ser nosotros, las personas y territorios del Pirineo, los que llevemos la iniciativa. Obviamente el bagaje, reputación, infraestructuras y experiencia de Barcelona son un activo valiosísimo que debemos aprovechar, pero sería un error condicionar nuestros deseos, necesidades y objetivos a los de la capital catalana.

Después de la elección como sedes para los Juegos Olímpicos de verano de Paris en 2024 y Los Ángeles en 2028 -ambas ciudades serán las primeras en “tripitir”, pues ya se han celebrado dos olimpiadas en cada una de ellas-, puede ser muy tentador para Barcelona aparcar la candidatura invernal y los intereses del Pirineo en pos de obtener los juegos de verano de 2032, cuadragésimo aniversario de sus primeras olimpiadas; es una especulación, pero a la vez un escenario nada descartable.

 

 

¿Si les dijese que Madrid quiere organizar la Copa América de vela -la competición más importante de vela y uno de los eventos deportivos con mayor impacto económico para el país de acogida-, con subsede en Valencia debido a la falta de mar en la capital, les parecería lógico? Pues siendo consecuentes, tiene la misma lógica que proponer que una ciudad de clima mediterráneo bañada por el mar sea la sede de unos Juegos Olímpicos invernales.

La pregunta del millón es: ¿Aceptaría Barcelona ser sub-sede olímpica?

Considero vital que cada territorio disponga de unas infraestructuras adaptadas a sus necesidades, y en una hipotética candidatura Pirineos – Barcelona las infraestructuras viarias y digitales serían las realmente útiles y necesarias, tanto para el correcto desarrollo del evento como para la posterior puesta en valor por los habitantes y visitantes de los territorios pirenaicos. Ya conocemos las consecuencias de promover la construcción de infraestructuras sobredimensionadas para eventos concretos; desde aeropuertos hasta estadios de fútbol, abundan los ejemplos de mala planificación y  de hecho siempre he creído que la planificación post-olímpica de usos de infraestructuras fue el mayor éxito de los JJOO de Barcelona 92.

 

 

Quiero acabar esta columna con la parte más importante: L@s deportistas. Tenemos unos años por delante para planear, proponer y presentar candidaturas, creo que a todas y todos nos motivan los eventos globales y multitudinarios. Pero debemos ser muy conscientes que no tendrá ningún valor si olvidamos que los auténticos protagonistas, los que realmente inclinarán la balanza del COI en su elección, hoy están entrenando y esforzándose de forma silenciosa y anónima.

Apoyemos y reconozcamos la labor de nuestros deportistas no solo cuando están en los medios o suben al pódium, porque si ellos lo hacen bien nosotros lo tendremos más fácil si queremos traer al territorio unos Juegos Olímpicos.

 

 

 

Jacint Berengueras

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